19.7.03

Colabora LordWord - "Cagar, qué goce"




Sin duda el placer se encuentra en cualquier parte, no tenemos que andar buscándolo
en los más remotos lugares del mundo. Lo tenemos a diario en aquel lugar
donde estemos, sea donde sea. Todo comienza con un malestar general, y no porque
el hecho en sí lo provoque, sino porque se desea expresar en soledad
ese goce. Se siente como se aproxima, inevitable es todo aquello que no se puede
parar, y como irremediablemente conquista tu movilidad, deseando queda el sujeto
de desprenderse de todo su alrededor y de que el mundo quede vacío sólo
para él, sólo para ese momento diario, de tiempo variable. Poco
a poco uno se sumerge en ese gesto cotidiano, dedica otro rato más de
su vida para aprovecharlo, nunca se desperdicia: sirve como momento de entretenimiento,
relax, reflexión, cultural, o incluso hay quienes se dan cuenta de todo
lo que puede llegar a contener un envase de aquel viscoso líquido con
el que solemos limpiarnos y al que llamamos gel.

El acto en sí requiere un pequeño esfuerzo, que como todos se
ve recompensado por un éxtasis, un escalofrío que recorre la columna
y hace que las fuerzas no sólo se recobren, sino que extrañamente
se vean multiplicada por mil y elevada a su mayor exponente. El ejercicio se
repite algunas veces, y viene acompañado de otras muchas circunstancias.





Para empezar, todo depende del clima y de la estación en la que nos
encontremos. En verano puedes incluso adormecerte en el extraño lugar
al que inocentemente llamamos "cuarto de baño". Todos conocemos
por experiencia propia que no es para el baño únicamente. Pero
si es el invierno la estación que acompaña al heroico gesto, reposar
las posaderas en el frío material tiene un riesgo que habría que
mencionar. Lo que sigue a la primera expulsión, es la recepción
incontenible de ese olor al que algunos llaman nauseabundo, que yo describiría
como sutil acompañamiento. Y que mejor compañero que el sonido
y la musicalidad que todo esto conlleva. Es sin duda lo más famoso y
lo que hace que el disfrute sea a la vez recreo. Se puede oír como el
sujeto se esfuerza vigorosamente, se puede escuchar el sonido del gas que sale
despedido para fundirse en un exquisito baile con el oxígeno, y por supuesto
se oye un enorme bloque golpeando contra el agua del fondo, que poco a poco
y muy dulcemente va adquiriendo un color otoñal.





Todo lo que comienza desgraciadamente tiene un fin, y a veces un fin triste,
pero por fortuna este no es el caso. Podríamos definir este acontecimiento
como cerrado, porque acaba como empezó, derramando un fino chorro dorado
que sirve como guinda final a la tarta que ha quedado a medio sumergir. Justo
ahí podríamos levantarnos, hacer como el que no ha visto nada
y huir del lugar de los hechos, pero uno no puede irse y dejar las huellas del
crimen, en la tacita que ha mirado durante todo el delicioso ratito, y evidentemente
en el lugar por donde ha nacido la obra (ello perjudicaría también
a la prenda que hace que seamos más felices durante el día). Uno
tiene que hacer en definitiva que todo quede como estaba. ¡A quién
podemos agradecer el papel higiénico! Siempre se dobla, nadie quiere
que por accidente la humedad pueda hacer que sin querer atravesemos con nuestros
dedos el fino y a veces suave papel. Y extrañamente también se
tiene la costumbre de mirar fijamente a la superficie con la que hemos llevado
a cabo la limpieza. Pero de limpiar ya no se puede contar nada, eso todos lo
saben, es como hacer que no haya polvo en un mueble. Luego se deposita sobre
el diseño de arte contemporánea que hemos creado, y se cierra
una tapadera que siempre debe existir. Por último, agradezcamos además
que la cisterna sirva de ayuda para que nos sintamos anónimos y esa obra
no lleve firma.


Por LordWord


<Tall> P.D.: Muchísimas gracias por el regalito
^_^

 

• Digitalizó Fernando Tallón at 04:31


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